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El Jardín del Multiverso: una preciosa representación del cosmos en los campos de Escocia

UN JARDÍN QUE ES UNA METÁFORA DE LAS ÚLTIMAS TEORÍAS DE LA COSMOLOGÍA PERMITE CAMINAR POR VERDES GALAXIAS ESPIRALES Y CONTEMPLAR AGUJEROS NEGROS Y OTROS ENIGMAS DE LA FÍSICA.

POR: ALEJANDRO MARTINEZ GALLARDO – 06/12/2015 A LAS 13:12:05

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Sobre una tierra devastada por los resabios de explotación minera, en Crawick, Escocia, un duque y un paisajista obsesionado por la cosmología han construido un sofisticado jardín que sostiene ser una representación del multiverso. El arquitecto de la obra, Charles Jenck, antes ya había construido jardines que combinan la ciencia con la horticultura, como es el caso de su extraordinario: “Jardín de Especulación Cosmológica“,  lugar en el que materializó la idea: “¿Qué es un jardín sino la celebración de nuestro lugar en el universo?”. El “Multiverso de Crawick”, es un proyecto aún más ambicioso.

Un extraordinario reportaje en Atlas Obscura cuenta el génesis de este proyecto y su reciente develación con todo y un congreso de cosmología orientada a la exploración del multiverso en el que participaron diversos físicos, hospedados por el Duque Richard Buccleuth en el Castillo Drumlangrig, donde pasaron el solsticio de verano haciendo excursiones a la vegetación y las esculturas microcósmicas que constituyen el “Multiverso”. El jardín, según narra Alina Simone en Atlas Obscura, consta de un supercúmulo de galaxias, montes espirales gemelos de la Vía Láctea y Andromeda, un Anfiteatro Solar, un Paseo de Cometas, diferentes estructuras de las fases de agujeros negros, un Omphalos (el ombligo o surtidor cósmico del mundo) y, por supuesto, el Multiverso mismo.

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El nuevo jardín, en la tradición de los grandes jardines de Oriente, despliega un espacio que permite tener una experiencia de belleza, simetría, relajación y posiblemente expansión de la conciencia. Jenck explia que de hecho “estamos teniendo un diálogo con el universo”, el jardín parece hacer visible ese misterioso diálogo que algunos místicos describen como la forma en la que el universo se conoce a sí mismo (a través de nosotros). Caminando entre estas estructuras que parecen evocar la monumentalidad druida de construcciones como Stonhenge y la majestuosas estupas del budismo con el delirio artístico de Dali o de otro arquitecto británico, Edward James, uno imagina que la contemplación de los misterios del universo y las experiencias epifánicas brotan con soltura cristalina y fluidez mercurial. El jardín parece ser la feliz conjunción de los dos significados de la palabra pitagórica “cosmos”: orden y belleza, de una forma que, si bien es recurrente en cualquier jardín (símbolo siempre de la perfección de la obra divina), en este caso se torna extrañamente literal, puesto que el jardín es explícitamente cósmico. Los pobladores locales sólo querían un parque para caminar y llevar a cabo sus competencias de banda de bolsa de pipa; ahora tienen una profusión de metáforas, enigmas del espacio-tiempo y posiblemente un páramo para cruzar hacia nuevos universos que se bifurcan.

 

No sabemos si Jenck y el Duque están familiarizados con la obra de Borges, pero su “Multiverso de Crawick” remite a  El Jardín de los Senderos que se Bifurcan, uno de los cuentos más famosos de Borges, el cual también puede leerse como una metáfora de la teoría del multiverso o más bien como una prefiguración de la teoría de Everett “de los muchos mundos”. En El Jardín de los Senderos que se Bifurcan de Borges (una alusión al tiempo mismo, sustancia inefable). Escribe Borges:

Ts’ui Pên diría una vez: Me retiro a escribir un libro. Y otra: Me retiro a construir un laberinto. Todos imaginaron dos obras; nadie pensó que libro y laberinto eran un solo objeto. El Pabellón de la Límpida Soledad se erguía en el centro de un jardín tal vez intrincado; el hecho puede haber sugerido a los hombres un laberinto físico.Ts’uiPên murió; nadie en las dilatadas tierras que fueron suyas, dio con el laberinto; la confusión de la novela me sugirió que ése era el laberinto. Dos circunstancias me dieron la recta solución al problema. Una: la curiosa leyenda de que Ts’ui Pênse había propuesto un laberinto que fuera estrictamente infinito.

Este infinito se teje a través de la perpetua bifurcación. Lo que en la física es el colapso de la función de onda –y la continuidad en otro universo– en el texto de Borges es la bifurcación de otro provenir:

En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable T ‘sui Pên, opta -simultáneamente- por todas. Crea así diversos porvenires, diversos tiempos que también proliferan y se bifurcan.

Tanto Borges como Charles Jenck continúan ese proceso perenne en el hombre –el jardinero de la creación– de construir en sus obras metáforas del misterioso orden del universo. Algunas son más afortunadas, y en ellas podemos vislumbrar una belleza y una verdad que nos parece acercar al centro radiante del enigma.

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